De Santiago a Finisterre pasando por Muxía

A Compostela se acerca uno como quien se acerca al milagro.

Álvaro Cunqueiro, ‘Las geografías imaginarias’.

Hacerse a la idea:

Primero de todo, es importante tener en cuenta que este Camino a Finisterre o Fisterra no tiene nada que ver con el resto de caminos que terminan en Santiago. Si bien es cierto que los paisajes son increíbles y la naturaleza sobrecogedora, las zonas de descanso y poblaciones por las que pasamos no disponen de tantos servicios, tiendas o albergues como en otros tramos.

Para ello, debemos tener en cuenta cuántos kilómetros vamos a andar cada día (debajo veréis el itinerario que planeamos nosotras), dónde vamos a dormir y por supuesto, qué previsión atmosférica hay, aunque podéis haceros a la idea de que os lloverá sí o sí (como se dice en Galicia: si chove, que chova).

Credenciales del peregrino

Antes del viaje, ¿qué tenemos que preparar?:

Para poder comenzar con la aventura necesitáis la credencial del peregrino, algo así como el “pasaporte” de todo viajero. Si vivís en Madrid, podéis obtenerla en la Parroquia de Santiago y San Juan Bautista, en la Plaza de Santiago 24, o en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Madrid, en la Calle Carretas 14. Nosotras la recogimos en la Parroquia, donde no tuvimos que pagar nada por ella y, además, nos recomendaron no sólo acabar el Camino en Finisterre, sino también visitar Muxía y su santuario.

Con la credencial ya tendríais toda la documentación necesaria. Sólo debéis organizar el viaje de ida y vuelta desde vuestra ciudad de origen, aunque Santiago cuenta con varias opciones: trenes, autobúses o vuelos.

  • Personalmente, os recomiendo llegar y volver de Santiago en tren, ya que la estación está a sólo 10 minutos andando hasta la Catedral y pasaréis por calles con muchos bares y tiendas donde podéis comprar algo de almuerzo al comenzar y al finalizar el viaje. 
  • El autobús también tiene su estación junto a la estación de tren y los billetes suelen ser muy económicos, sin embargo, son trayectos con muchas paradas y muchas horas de recorrido, por lo que se puede hacer un poco pesado. Nosotras no tuvimos más opción que viajar en autobús porque el precio de los billetes de tren era desorbitado.
  • Sin duda el avión es el transporte más rápido para llegar a Santiago, pero para llegar hasta el centro desde el aeropuerto tendréis que coger un autobús, así que también necesitáis más tiempo para comenzar el Camino.

Después de conseguir vuestra credencial y el transporte para llegar a Santiago, tenéis que preparar la mochila (quizás la tarea más complicada y a la vez divertida de todo este follón). Pero, ¿qué metemos en una mochila para varios días y con la que tenemos que andar al menos 20 km en cada etapa? Cosas útiles y que pesen poco. Recordad que su peso no debe exceder aprox. 5 kg.  Aquí os dejo una lista de lo esencial:

  • Mochila de máximo 30 litros de capacidad.
  • Saco de dormir de verano (pesa menos que el de invierno y ocupa menos espacio. Además, no necesitáis que abrigue mucho porque en los albergues hay mantas y calefacción).
  • Cantimplora de máximo 1 litro de capacidad (no debe ser muy grande porque es lo que más pesa).
  • Chubasquero o capa de lluvia (yo prefiero llevar un chubasquero que me cubra hasta media pierna en lugar de capa, porque la mochila tiene su propia capa impermeable).
  • 2 pantalones o mallas para andar.
  • 1 pantalón cómodo para descansar en el albergue.
  • 3 camisetas de algodón (o las más cómodas que tengáis).
  • 2 sudaderas o forros polares (podéis utilizar uno para caminar en las primeras horas del día cuando y otro para descansar en el albergue).
  • Ropa interior cómoda y de algodón (llevad el número de mudas y calcetines que queráis, pero sin excederos, recordad que en los albergues podéis ir lavando ropa cada día).
  • Cortavientos (algunos son impermeables también, por lo que podéis elegir entre éste o el chubasquero).
  • Botas de trekking (que ya hayáis usado antes, jamás utilicéis unas botas o zapatillas por primera vez en una caminata larga).
  • Palo de andar (nos sirve de apoyo para subir cuestas arriba, pero sobre todo en las cuestas abajo cuando más sufren las rodillas y la espalda).
  • Poto, navaja multiusos, plato… (si tenéis pensado comer cada día en un bar o haceros bocadillo, no es necesario, pero recordad que en los albergues tenéis cocinas y podéis comprar algo de comida y prepararlo vosotros mismos).
  • Pinzas de la ropa y jabón (en muchos albergues hay lavadoras y secadoras, que podéis utilizar pagando 1-2 euros, pero si sólo queréis lavar calcetines o prendas más pequeñas, os recomiendo llevar una pastilla de jabón y pinzas para tender la ropa).
  • Aseo: gel, champú, pasta de dientes, cepillo, gomas del pelo, tijeras, crema solar, protector labial, desodorante… (todo eso depende de cada persona).
  • Pequeño botiquín: apósitos para ampollas, ibuprofeno, paracetamol, tiritas… (tened en cuenta que pueden aparecer rozaduras o ampollas cada día y debéis curarlas o al menos evitar que empeoren).
  • Chanclas o cangrejeras (para ducharos y poder relajaros y caminar sin tener los pie embutidos en las botas después de cada etapa).
  • Toalla pequeña y fina para la ducha (que no ocupe ni pese demasiado).
  • Gafas de sol, gorro para el frio, gorra para el sol… (todo depende de la época del año en la que hagáis el Camino y de lo que vosotros necesitéis).
  • Cargador móvil, ladrón para poder enchufar varios aparatos en los albergues y una batería portátil para el móvil (nunca se sabe qué puede pasar).
  • Linterna o frontal (para caminar en las primeras y las últimas horas del día, incluso para moveros por las habitaciones del albergue sin dar la luz y molestar al resto de peregrinos).
  • Bolsa para la ropa sucia o para evitar que se os mojen algunas prendas si llueve demasiado.

A pesar de que puedan parecer demasiadas cosas, las vais a necesitar. Con todo eso, ahora existe la posibilidad de que empresas privadas os lleven la mochila de una etapa a la siguiente. Veréis el contacto de estas empresas, que suelen ser particulares con vehículo propio, a lo largo de todo el Camino. Acordáis con ellos dejar la mochila en un punto, donde la recogen, y la llevan hasta el sitio que les digáis. Sólo necesitáis dejar un sobre con el logo de esa empresa (suele haber en albergues y bares de cada pueblo) con vuestro nombre, contacto, lugar de destino y el dinero en el interior (aprox. 4€, dependiendo de la empresa), llamáis a la empresa y le decís dónde tiene que ir a recogerla y dejarla. Cuando llegáis al destino, sólo tenéis que ir a buscarla a ese punto.

Es importante que sepáis que los albergues municipales, es decir, de la Xunta de Galicia, no permiten este tipo de “negocios”, ya que no se hacen responsables de la pérdida o robo de las mochilas. Por lo que, si os vais a alojar en un albergue municipal, siempre podéis pedir a la empresa que os deje la mochila en un bar o tienda cercana. Los paisanos suelen ser muy tolerantes con este tipo de servicios, porque al fin y al cabo viven del turismo de los peregrinos, y porque la gente que os encontraréis en el Camino es muy simpática y amable.

MUXIANA

Comienza la aventura, pero ¿qué itinerario podemos seguir?

En internet hay muchas webs que os ayudarán a ver la distancia entre municipios, cuántos albergues hay disponibles y encontraréis mapas e itinerarios ya diseñados. Sin embargo, en este Camino de Santiago a Finisterre, no hay muchas opciones donde elegir, a diferencia, por ejemplo, del Camino Francés, el más turístico y habitual.

Como os he mencionado al principio, este Camino tiene menos etapas, pero son más largas y no todos los municipios disponen de albergues o tiendas. Os detallo a continuación las etapas que nosotras seguimos, aunque cada escala y distancia son orientativas:

Día 1: Etapa Santiago – Negreira (20, 90 km)

Día 2: Etapa Negreira – Olveiroa (34, 30 km)

Día 3: Etapa Olveiroa – Corcubión (20, 60 km) o Etapa Olveiroa – Muxía (32,70 km)

Día 4: Etapa Corcubión – Fisterra (14,3 km) o Etapa Muxía – Fisterra (32,00 km)

Si desde Olveiroa hubiésemos decidido ir directamente a Finisterre, sin pasar por Muxía, deberíamos haber seguido hasta Corcubión y desde ahí el último día hasta Finisterre. Sin embargo, todo el mundo que nos encontramos a lo largo del Camino nos recomendó ir a Muxía, y así lo hicimos.

Camino de Fisterra y Muxía
  • Día 1: llegada a Santiago y primera etapa hasta Negerira (20,9 km)

Llegamos a Santiago a las 9:00h en autobús desde Madrid, bastante cansadas porque apenas hemos podido pegar ojo entre el mal estado de la carretera y las numerosas paradas que hacemos.

Caminamos desde la estación hasta el centro de la ciudad y paramos a desayunar en uno de los rincones más bonitos de Santiago: el Hostal Costa Vella. Tras reponer fuerzas, nos dirigimos a la Catedral y sellamos la credencial en la Oficina de Acogida del Peregrino, en la Rúa das Carretas 33. Allí, nos dan una credencial específica para Finisterre y nos la sellan como punto de partida, por lo que salimos de Santiago con 2 credenciales y un mapa del Camino.

El Camino a Finisterre parte desde la misma Plaza del Obradoiro, en dirección oeste, bajando por la Costa do Cristo, sólo tenemos que seguir las flechas amarillas y los mojones o señales de piedra que señalan los kilómetros que quedan hasta el final.

Esta primera etapa de aprox. 20,9 km y dificultad alta, transcurre por pequeñas parroquias, con muy poca distancia entre ellas, en los Concellos de Ames y de Negreira. Durante este recorrido, hacemos una parada para comer tras subir el gran desnivel en Alto do Mar de Ovellas y, después, volvemos a parar en Ponte Maceira, que en 2019 fue catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España (y con razón).

Al llegar a Negreira, no nos alojamos en el albergue municipal, ya que está a las afueras de la población y, preferimos quedarnos en el Albergue San José, en la Rúa Castelao 20, donde nos sellan las credenciales. El precio de la noche son 14€, lo que incluye una toalla, sábanas y una manta en cada cama. Además, el albergue cuenta con cocina y menaje, lavandería, baños con duchas y agua caliente, y lavaderos y jardín en el exterior.

Esa misma tarde compramos el desayuno del día siguiente (en Negreira hay varias tiendas y bares abiertos incluso los días festivos), ya que podemos cocinar en el albergue y salir temprano por la mañana. Nos duchamos, descansamos y cenamos en un bar cerca del albergue. 

  • Día 2: etapa de Negreira hasta Olveiroa (34,3 km)

El despertador suena a las 7:30 y ya estamos en pie, desayunamos y organizamos las mochilas en el comedor del albergue (normalmente, se saca todo de las habitaciones para no molestar a los peregrinos que siguen durmiendo).

Comenzamos esta segunda etapa de aprox. 34,3 km y de dificultad media hasta Olveiroa. Hoy el día se nos hace más pesado. Pasamos por decenas de granjas por parroquias en el Concello de Mazaricos y no paramos de ver un sin fin de perros y gatos en cada aldea (lo que ameniza la jornada). El paisaje y las vistas son increíbles, aunque sabemos que siempre que bajamos una montaña, después tenemos que volver a subir la de enfrente.

Hacemos la primera parada para almorzar en Vilaserío en el Restaurante O Rueiro, bocadillo de pollo y queso y seguimos el recorrido (los bocadillos tamaño estándar en el norte no existen, todos son enormes). 

Tras varias subidas y bajadas, volvemos a parar ya por última vez en Lago en Casa Xalleiro, donde comemos y conocemos a un amigo peludito y de cuatro patitas que nos hace compañía.

Acabamos la etapa en Olveiroa, llegamos con lluvia y dolor de pies: aparecen las primeras ampollas. Tras ducharnos y elegir litera, nos registramos en la recepción (no había nadie hasta las 19:00 h), pagamos 8€, nos sellan las credenciales, y hacemos ocio con otros peregrinos. Esa noche cenamos en el bar As Pias y nos vamos al saco sabiendo que la jornada siguiente sería dura.

  • Día 3: etapa de Olveiroa a Muxía (32,7 km)

Amanece con lluvia y niebla, un poco más que el día anterior. Desayunamos en As Pias y salimos hacia Muxía. La tarde anterior, todos los peregrinos y personal del albergue nos había recomendado ir andando, decían que merecía la pena y que al final casi todo el mundo iba siempre a Finisterre y lo pasaban por alto.

Como sabemos que la etapa va a ser complicada, aprox. 33 km y dificultad alta, decidimos dejar una de las mochilas con todo el peso de los sacos, la ropa y los productos de aseo, y llevarnos otra mochila y las riñoneras con los chubasqueros, los frontales y la documentación esencial.

Comenzamos la ruta en el Concello de Dumbría, como ya he dicho con niebla y de noche, pero con ganas. Hacemos la primera parada poco después de Hospital, donde se bifurca el camino hacia Finisterre, hacia el sur y nosotras seguimos hacia Muxía, hacia el norte.

En Dumbría, hacemos una breve parada para un café y seguimos durante más de 15 km por un bosque de eucaliptos que si bien era precioso, me pareció un infierno. Lo problemático de esta etapa no eran las subidas, sino las bajadas. Acabamos con los pies y las rodillas machacadas porque las cuestas eran muy empinadas y el camino cambiaba constantemente entre piedras y asfalto.

Paramos por última vez poco antes de llegar a Muxía, ya vemos el mar pero todavía tenemos que bordear toda la costa para llegar al final de la etapa. Aunque en el mapa parezca que desde las últimas aldeas a Muxía el recorrido es corto y sencillo, lo cierto es que el camino no sigue la carretera y continua con desniveles de subidas y bajadas. Sin embargo, las gentes de estos últimos campos son de lo más agradables. En apenas 8 km nos ofrecen limones, recuerdos de encaje de bolillos y hasta cabras.

Creo que solo cuando tocamos la arena de la Praia da Cruz en Muxía podemos respirar aliviadas. Esta etapa ha sido la más dura, pero la más reconfortante.

En Muxía recogemos la mochila y nos alojamos en el albergue municipal. El precio es el mismo que el de la etapa anterior, 8€, disfrutamos de una ducha de agua caliente y vamos a la Casa da Cultura de Muxía, a recoger ¡nuestra MUXIANA! Allí, preguntamos sobre cómo llegar al día siguiente a Finisterre, comienza a hacer frío y la previsión de lluvia y viento es muy alta.

Nos informan de que hay un autobús que sale de Muxía al día siguiente a las 8:20h hacia Finisterre, con parada en Cee, y que hasta por la tarde no sale el siguiente. En la Casa da Cultura también nos dicen que, si queremos conseguir la Fisterrana, debemos realizar el camino a pie (es bastante obvio) y pedir que nos sellen la credencial a mitad de camino, en Lires. De lo contrario, a cualquier peregrino que llegue a Finisterre desde Muxía sin ese sello no se le dará la Fisterrana.

Nuestra idea inicial, como he dicho al principio, era hacer esa etapa a pie hasta Finisterre (otros aprox. 32 km con una etapa de dificultad media-alta), pero el cansancio y el mal tiempo no nos anima a ello. Sin embargo, no queremos quedarnos con las ganas de ver “el fin de la tierra”, y planeamos ir hasta Finisterre en autobús

Esa misma tarde, visitamos Muxia, el Santuario da Virxe da Barca y el Faro, y cenamos como nos merecemos en As Baleas, junto al paseo marítimo.

  • Día 4: etapa de Muxía a Finisterre y vuelta a Santiago

Nos levantamos temprano, recogemos y nos despedimos de los peregrinos que habíamos conocido en el Camino. Desayunamos café y tarta de manzana en O Xardin y cogemos el autobús a Finisterre por sólo 2,55€.

Viajamos apenas durante 45 minutos entre niebla y lluvia y, aunque en el norte se dice mucho eso de “esto abre”, está claro que no va a ser el día.

En Finisterre nos esperan unos amigos, visitamos el Faro y hacemos algunas fotos, pero es imposible ver ni si quiera el mar con tanta niebla y lluvia. Como volvíamos con ellos a Santiago en coche, de camino, paramos en la Cascada de Ézaro (Fervenza do Ézaro), un lugar mágico con un salto de agua de más de 150 metros que desemboca a pocos metros del mar.

En cualquier caso, se puede volver desde Finisterre hasta Santiago o Coruña en autobús, pero los horarios que aparecen en internet no son muy fiables, así que mejor preguntar en las oficinas de turismo.

  • Autobús Fisterra – Santiago XG817
  • Autobús Fisterra – Muxía XG848
  • Autobús Muxía – A Coruña XG848

En Santiago, disfrutamos de un día caminando por la ciudad: compramos en el Mercado de Abastos, visitamos la Catedral y comimos en O Piorno, un restaurante especializado en comida gallega.

Vistas de Santiago de Compostela desde el Parque Alameda

Esa misma tarde, cogimos el autobús de vuelta a Madrid y nos despedimos de la terra galega con mucha pena, pero con muchos recuerdos y bonitas historias.

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